Esa frase fue fundamental para tomarme las cosas con un poco más de calma (aunque no demasiada) y para no arrepentirme de lo vivido este año. Porque sé que viví momentos vacíos, sin sentido, o simplemente malos, pero que a cada uno le saqué la mayor cantidad posible de jugo. Jugos dulces, amargos, agrios, ácidos... y con cada litro y cada porción de pulpa aprendí muchas cosas.
Este es el texto de la balanza que suelen hacer muchos (y otros nada más lo piensan) de fin de año, y digo balanza porque uno ve si pesa más lo malo que lo bueno, o más fácil, busca excusas para que se equilibre.
Los aspectos malos prefiero no recordarlos.
Voy a focalizarme en lo bueno, pero sin hacer una carta.
Mi 2010 empezó solitario, depresivo, doloroso y lastimoso. Me fui de vacaciones a un lugar muy lindo, pero me di cuenta de que lo único material que puede llegar a curarte una herida es el agua oxigenada, no me vengas con despejar allá, despejar acá, no, no me sirvió. Volví, y salí, reí, pero siempre vacía, me sentía traicionada, humillada...
En cuanto al colegio, me fue mal desde el principio, lo que desembocó a presiones y pesimismo de parte de mis papás, hasta que logré remontar mis notas (y mi ánimo).
Pero así como en eso me fue mal, el 2010 fue musicalmente revolucionario. Dos bandas, dos presentaciones, un dúo saxo-piano, presentaciones como solista, mucho canto, mucha descarga, una composición. Nada de qué quejarme. Y siempre, siempre me refugio en la canción. Hubo bandas que me ayudaron y recitales también, además de que amplié mi gusto musical, lo que me llevó a querer hacer algo nuevo, que a la vez me llevó a multiples fracasos.
Y en cuanto a relaciones... Mucha gente apareció en mi vida y otros se adentraron más. Entré soltera, y salí con novio. Entré con dos mejores amigas, y salí con una.
Y bueno, me halagaron musicalmente, me subieron el autoestima, que por cierto muy frecuentemente está estampado contra el piso, me dijeron que tenía constancia (y seguido de eso me aprobaron matemática), me ayudaron, me golpearon, me golpeé, me empujé, me ayudé, me trataron de soberbia, me dijeron cabezadura, y todo, absolutamente todo me sirvió.
Me preguntaron si tenía alguna meta para el 2011, y yo respondí que no, no sé, dejar que fluya, supongo.
mientras sin metas no te aplastas, el ciclo funciona tal y como hasta ahora.
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