Derecha.
Lentamente giro la cabeza hacia la derecha.
Y veo... Veo un tablero de color verde. Un tablero con historia, y sobre él una lámpara. Una lámpara con historia. Esa lámpara encendida que alguna vez estuvo en la mesita de luz de la cama de mis viejos, pero ya no, y ahora me ilumina las noches en el altillo. Curiosamente, atrás del tablero, como queriendo pasar desapercibida, hay una bicicleta. Supuestamente es mía, también fue de mi hermano. Linda, azul. Pero no la uso. Porque es la típica bicicleta para usar en la calle. Y yo no salgo con ella. Hasta llego a sentir que quiere que me suba. (Tengo hipo por décima vez en el día). Abajo del tablero hay un tocadiscos... que lamentablemente no anda... y arriba de éste, trabajos de Icardi del año pasado. Trabajo que traen recuerdos al mirarlos. Traen cansancio y esfuerzo. Traen momentos difíciles. Como los de antes, como los de ahora. Y bueno, no podía faltar el banquito del tablero. Otro de esos que te dejan el culo cuadrado, bueno, redondo.
Pero la vida no termina en el tablero! Más allá hay una mesita en la que hay una tele, muy vieja, un teléfono, muy viejo, una heladerita de esas para llevar a los picnics, aunque la usamos para las vacaciones, y otras cosas sin importancia. Hay, también, una cama. Una cama que trae recuerdos, y no sólo a mí. Recuerdos tristes, pero otros muy alegres. Arriba de ella hay 2 puffs, uno amarillo y otro celeste.
Pero en sí, es un desorden total. El altillo, yo. Esto es un deja-vu, porque yo creo que ya escribí algo así...
Y hoy me di cuenta de que la Iglesia es soberbia, y que la imagen que ponen de Dios, tiene un porcentaje también. Sin ofender, claro.
También me di cuenta de que soy una descolgada y de que no sé cerrar textos :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario