jueves, 4 de marzo de 2010

7 de diciembre de 2009

Sí, este es uno de los tantos textos que escribí alguna vez...

Por fin, por fin, tengo un lugar para mí sola, el altillo de mi casa. Encerrada acá, medio a oscuras, con la computadora, escuchando música, en este momento Beatles, bastante aislada de la vida exterior, como yo quería en este momento. Ya si tengo que llorar o reír no me importa porque sé que nadie va a venir y nadie me va a molestar, puedo poner la música fuerte, algo que necesitaba bastante. Aunque mi masoquismo sea extremo y siga revolviendo cosas del pasado, me siento un poco mejor. A mi izquierda tengo mi tan amado y en su momento esperado teclado, un micrófono con su pie, un equipo de música con dos grandes amplificadores, una biblioteca que tiene más juguetes que usé yo en un pasado que libros, aunque también tiene discos y otras cosas. A mi derecha hay un tablero de dibujo, y una cama. Atrás mío está la puerta, sillas, sillones, otro escritorio más y otra puerta que lleva a la mini terraza de mi casa.

Qué mierda que es la gente a veces, y claro yo soy así, soy descolgada, salto de un tema a otro así como así, pero es lo que hay. Yo sabía que esto iba a pasar, me refiero a esta situación, es como si fuera una especie de deja-vú, me había imaginado estando acá, en el altillo, mal sentimentalmente, escuchando música, sin ganas de nada en las vacaciones. Yo sabía que iba a terminar todo. Yo sabía, pero ahora sé que hice bien y que es mejor de esta manera. Qué iba a hacer? Seguir con una mala persona?

Cómo se me dio vuelta la tortilla, mierda. No, eso no, nunca me lo había imaginado. La puta. No lo podía creer, es el día de hoy, este momento en que no caigo, no lo puedo creer.


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